La mitología romana incluye con el nombre de Jano Bifronte a un dios que es sólo rostro. Se representa bajo la forma de dos perfiles unidos mirando cada uno al lado contrario que el otro.
Una cabeza con dos rostros simétricos. Su imagen se situaba en los umbrales de las casas. Uno de sus rostros miraba al interior, al exterior el otro.

Se le considera el dios protector de los hogares, pero también es la divinidad que toma a su cargo los procesos cíclicos, la iniciación en los misterios, las situaciones de tránsito y el cuidado de los comienzos. Se representa como un ser bifronte porque todo tránsito supone dos lugares, dos estados, el que se deja y aquel al que se penetra. Rostro-umbral entre un interior y un exterior que tienen que cohabitar y conocerse.

Intervenir sobre la representación clásica de este mito, sobre su iconografía, someterla a los efectos de la imaginación creadora, es la

propuesta-eje de esta exposición. Es un trabajo que se incluye en un proyecto más amplio que quiere reflexionar, desde la plástica, en el valor simbólico del rostro y su función de proporcionar una forma a los contenidos de la subjetividad.