La serie «Grandeza Desolada» hunde sus raíces en la tensión entre contrarios: presencia y ausencia, identidad y otredad, lo sublime y lo fragmentario. A través de composiciones donde cuerpos, objetos y paisajes se articulan mediante relaciones de oxímoron —como en las piezas tituladas Injertos Imposibles—, la obra construye un campo visual donde la vegetación brota de cuerpos inertes y los artefactos nacen de lo orgánico, creando armonías que hablan de la necesidad de arraigo.
Inspirada por la poética de Luis Cernuda, la serie evoca una vibración constante entre el deseo yla realidad. “¿Qué mundo es este que puede hacer que un hombre sea extraño a sí mismo?”, sepreguntaba el poeta. Esa extrañeza se encarna en cada lienzo a través de lo simbólico y lo ambiguo:
En conjunto, esta exposición pretende constituir una cartografía simbólica de lo humano. Desde la contradicción esencial hasta la alegoría del rechazo, la obra se sitúa en el cruce exacto entre imagen y pensamiento. No busco ofrecer respuestas; cada pintura es, en última instancia, una pregunta suspendida en el tiempo.